El bulldog francés es considerado un moloso de pequeña talla.
Como todos los dogos, su origen se remonta a los molosos de la región de Epiro en Grecia y del Imperio Romano. Tiene como pariente cercano el bulldog inglés.
Es probable que el bulldog francés sea el resultado de diversos cruces entre los toy bulldogs venidos de Gran Bretaña y diversos perros locales. Descendiente de los dogos franceses y el Bulldog inglés (mucho más pesado). Es resultado de sucesivos cruces que criadores de los barrios populares de París hicieron a finales del siglo XIX con objeto de conseguir una raza ágil y atlética que fuera buena en los combates de perros.
Su gracia y su caracter cautivaron rapidamente a la alta sociedad, algo que fomentó su popularidad enormemente.
Los cruces fueron realizados por los amantes de esta raza en los barrios populares de Paris en los años 1880.
Inicialmente el bulldog francés fue un perro del pueblo teniendo como amos los carniceros y cocheros, pero luego supo conquistar la alta sociedad y el mundo artístico, debido a su aspecto original y su singular carácter, propagándose rápidamente.
Para un Bulldog en buena condición, el peso no debe ser menor de 8 kg, ni mayor de 14 kg, ya que el tamaño está en proporción con el peso.
Este perro es ideal para un piso pequeño, necesita ejercicio durante unos 15 minutos diarios. No es un perro ideal para grandes caminatas pero gozaras de un buen animal de compañía, muy juguetón activo y defensor del dueño. Es un perro muy casero, le encanta estar en casa en compañía de sus dueños.
Debido a su adaptabilidad, tranquilidad y a que es poco ladrador, el bulldog francés es una raza ideal para la vida en apartamento. Pero se adaptan bien a las casas. Prefieren los climas fríos ya que son bastante sensibles a las altas temperaturas. Es aconsejable evitar exponerlo al calor fuerte y tener cuidado con el sobrepeso, que podría causarle problemas respiratorios.